COMPAÑERISMO Y EMPATÍA, LAS NUEVAS CUALIDADES DE UN LÍDER

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En el medioevo y la edad moderna, los líderes que ostentaban el poder eran los reyes y emperadores. De ellos dependía el progreso, crecimiento y extensión de sus territorios. El aumento de sus riquezas, la construcción de castillos y el cultivo de la tierra eran tareas destinadas a sus súbditos y lacayos.

En ese entonces, el poder se ejercía a la fuerza. Negarse a cumplir con las órdenes de un soberano podía tener consecuencias drásticas, incluyo llegar a la muerte. Es decir que, en aquellos tiempos, el liderazgo era impuesto e implicaba un sometimiento al más débil y al que menos tenía. No había consenso, diálogo ni ningún tipo de empatía.

Este estereotipo de líder tardó siglos en cambiar y evolucionar. Hasta podría decirse que no fue sino hasta comienzos del siglo XXI que las personas investidas de algún tipo de poder empezaron a mezclarse con sus pares y desarrollaron un rol más “compartido” que “dominante”.  Si bien en las esferas políticas de la actualidad el poder es ejercido por representantes, estos son elegidos por los ciudadanos y están rodeados de asesores, ministros y asistentes que los ayudan en su labor.

Los nuevos líderes

Algo similar sucede en el ámbito laboral. La pirámide jerárquica establece directores, jefes y gerentes como los encargados de tomar las decisiones y liderar equipos. Son quienes trabajan a la par de los colaboradores, saben ubicar a la persona correcta en el lugar correcto, priorizan el cumplimiento de objetivos, están orientados hacia los resultados, se rodean de personas idóneas y están abiertos a propuestas e ideas de otros.

En la mayoría de los casos, estos cargos son ocupados por personas que tienen trayectoria, que trabajan en una empresa o desempeñando determinada labor desde hace muchos años o que, sencillamente, son elegidos “a dedo” por cercanía a quien los designa. Este último es uno de los puntos más interesantes en lo referente a un jefe ya que plantea un interrogante clave: un líder, ¿nace o se construye?

Si se tienen en cuenta los estratos políticos, las empresas, los comercios y otras tantas estructuras laborales, se puede observar que el cargo de jefe o director no necesariamente implica que las personas que lo ostentan sean buenos líderes. De hecho, parecería ser todo lo contrario. Es decir que, muchas de las cualidades de un líder no provienen de su trabajo o su experiencia en el ámbito laboral sino de la vida privada de la persona, de su educación, sus costumbres, sus relaciones, su familia.

Porque un líder no es solamente el que es idóneo en el trabajo y piensa estratégicamente en función de las tareas a realizar, sino también aquel que tiene inteligencia emocional, el que sabe entender a cada miembro de su equipo de manera individualizada, el que reconoce contingencias y trabaja a la par de sus empleados para sortearlas y proponer soluciones. Por eso, una de las características principales de un buen líder es la empatía.

Liderar desde la empatía

Según un estudio de Qualtrics, empresa estadounidense de gestión de la experiencia, el 76% de las personas encuestadas se sentían comprometidas con su trabajo cuando experimentaban empatía por parte de sus líderes, mientras que esa cifra era solo del 32% para quienes no percibían a sus líderes como empáticos. Dicho informe también descubrió que liderar con empatía puede reforzar la retención de talentos, optimizar el equilibrio entre la vida laboral y personal y mejorar enormemente la salud mental de los colaboradores.

Algunas de las cualidades que posee un líder natural que lo hacen empático son:
  1. Escucha a sus colaboradores: la única forma de que un líder esté al tanto de lo que siente su equipo, de sus dudas, propuestas, pensamientos, opiniones y necesidades es escucharlo activamente. Esto demuestra comprensión y ayuda a generar confianza y respeto. Además, cuando los miembros del equipo se sienten escuchados, eso se traduce en una sensación de reconocimiento y proactividad.
  2. Se vincula con su equipo: la construcción de relaciones sólidas es una de las cualidades más importantes para liderar con empatía. Sin importar si el trabajo es presencial, remoto o de formato híbrido, esta característica debe estar siempre presente. Por eso, es fundamental la comunicación con el equipo y el conocimiento de cada miembro a todo nivel.
  3. Tiene registro del otro: no impone su autoridad por el solo hecho de ocupar determinado cargo o función, sabe escuchar y es capaz de empatizar con los demás, de “ponerse en sus zapatos”.
  4. Se muestra vulnerable: es aconsejable que un buen líder comparta sus dudas, frustraciones o problemas. Cuando un líder muestra su propia vulnerabilidad, crea un espacio más seguro para que los empleados hagan lo mismo. Esto hace que el equipo sienta que también puede mostrarse vulnerable y esto le dará un sentido de pertenencia y apertura y una conexión más fuerte con los líderes. Esta cualidad nivela el campo de juego y puede generar inclusividad, mejorar la salud mental y tener consecuencias positivas en la productividad.
  5. Se capacita: cuando un líder es impuesto o carece de herramientas para el puesto que le fue designado, lo más aconsejable es que realice cursos de capacitación en liderazgo para poner en práctica la empatía y otras cuestiones relevantes para el cargo.

Es decir que, si bien la empatía puede ser innata, también es una virtud que puede aprenderse y que, de acuerdo al psicólogo y periodista Daniel Goleman, forma parte del desarrollo de la “inteligencia emocional”.

Por eso, la capacitación es fundamental para un líder. En la actualidad, quienes tienen equipos a cargo se preguntan qué hacer para inspirar y estimular a sus colaboradores. En un mundo donde los colaboradores requieren que su trabajo sea más participativo y colaborativo, es casi imperativo que un líder se involucre en mesas de diálogo, que trate de comprender lo que los colaboradores necesitan, que los ayude a cargarse de energía, que los estimule, que fomente el intercambio de ideas y opiniones y que los ayude a progresar.

Dentro de las estructuras de trabajo actuales existen nuevas formas de trabajo que son menos jerárquicas y más horizontales y los cargos y títulos son circunstanciales. La posición de líder no es algo que se reconozca solo por una designación, sino que hay que ganárselo. Un líder no es impuesto, sino el que tiene el reconocimiento y respeto de su equipo y sus pares.

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