EL EFECTO PIGMALION EN NUESTRO PROCESO DE RECLUTAMIENTO INCLUSIVO

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Cuando entré en Pigma, llevaba aproximadamente un año y medio estudiando programación. Como no tenía experiencia, la mayoría de los recursos que usé tuvieron que ver con recomendaciones de amigos que ya trabajaban en esta profesión. Por eso, me dediqué a hablar mucho con ellos sobre cómo era trabajar de desarrollador y así poder adquirir más conocimientos.

Si bien cuando comencé a buscar trabajo ya creía estar en una posición bastante sólida, sabía que para muchas empresas era difícil -por no decir imposible- arriesgarse con una persona sin experiencia. Por otro lado, me sentía invadido por los nervios que me generaban cambiar de rubro, sobre todo al tener que dejar mi puesto anterior, en el que había trabajado durante casi 10 años. Aún así, creía que estaba bastante preparado y me arriesgué.

Eduardo Rinaldelli, uno de los primeros ingresos de nuestro Proceso de Reclutamiento Inclusivo.

Una vez que ingresé a Pigmalion Software, creo que mi mayor problema fue no saber que no sabía. El mundo de la programación es inmenso, muy rico y dotado de muchos elementos. Pero el hecho de tener a varios programadores excelentes como compañeros, me ayudó, en gran medida, a poder corroborar lo que ya sabía y sacarme las dudas que me generaba esta nueva experiencia. Todo eso fue una gran tranquilidad para mí. Además, tuve la oportunidad de conocer a Jesi, analista de Recursos Humanos de la empresa, que siempre estaba presente para lo que necesitara, disponible para cualquier consulta o pendiente de que estuviera cómodo en mi flamante posición.

Mi primer desafío en Pigma fue el proyecto de la Bolsas y Mercados Argentinos (BYMA), que manejaba un lenguaje del cual yo solo sabía lo básico y que tenía una tecnología bastante específica que nunca había visto. Pero Gus y Steve (arquitecto de software y desarrollador de software, respectivamente) me facilitaron material para ayudarme con eso.

Durante ese tiempo, comenté que mi lenguaje favorito para programar era Golang, y, a los pocos meses, surgió la oportunidad de pasarme al proyecto de Valcereal, que se desarrollaba en ese lenguaje.

Para mí, ese fue un gran estímulo que me hizo sentir escuchado y valorado, porque desde Pigma buscaron darme una oportunidad para poder trabajar con el lenguaje que más me gustaba y dentro de un proyecto en el que había mucho por hacer.

Por ese recibimiento, el buen trato y la preocupación de la empresa por hacerme sentir cómodo y permitirme crecer como profesional, creo que la buena onda que se respira allí a diario es una característica muy difícil de encontrar en otras empresas, sobre todo del mismo rubro.

Estoy convencido de que un empleado que está cómodo con su puesto tiene menor predisposición a cambiar de empresa (lo cual es muy común en este rubro), y tiene mejores resultados en su rutina diaria.

Y eso es gracias a que Pigma construye un espacio donde los empleados puedan quedarse a largo plazo y ver a la empresa como un lugar del que son parte.

Pero, a pesar de los buenos recuerdos de las reuniones semanales y de las juntadas que se armaron, el romance con Pigma llegó a su final: Recibí una propuesta para formar parte del equipo interno de Valcereal, con una oferta económica por demás tentadora, que no decliné.

Hoy, a semanas de haberme ido de Pigmalion Software, mi rutina diaria casi no cambió. Pero hay una situación rara, que pasa todos los jueves, cuando siento que me tengo que preparar para la reunión semanal en Pigma. Creo que tuve mucha suerte de encontrar un lugar tan único para dar mi primer paso, tomar impulso, saltar… y volar alto.

Eduardo Rinaldelli

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