DE SUSHIMAN A PROGRAMADOR

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Mucho antes de dedicarme formalmente a la programación, uno de mis primeros trabajos fue en un restaurant de sushi. Cuando empecé, trabajaba en la cafetería del lugar y sentía una gran curiosidad por la forma en que se preparaban los platos. Entonces, las personas que se dedicaban a eso me enseñaron la técnica y, gracias a esos tips más lo que aprendí mientras las observaba, logré convertirme en ayudante y luego en sushiman principal, labor que realicé por varios años.  

Como no había estudiado gastronomía formalmente tuve que investigar por mi cuenta. Busqué el porqué de algunos procesos, combinaciones de gustos, técnicas nuevas y todo lo que fuera útil para innovar en el menú semanal. De una cosa sí estoy seguro: cuando algo me gusta o me interesa siempre lo investigo a fondo.

Luego de seis años en ese puesto y uno más como socio en otro local, decidí dejar la gastronomía. En mi opinión, se trata de un rubro muy sacrificado, donde se trabaja contra reloj todas las noches y uno siempre está al revés de todos. Trabajábamos mientras el resto descansaba y eso se tornó muy agotador, más aún porque no sentía pasión por esas tareas.

Lucas Aranguren, Desarrollador de Pigmalion Software.

Cuando decidí dejar el restaurant, opté por un cambio radical: la programación. Además de que se trata de un rubro emergente desde hace ya varios años, siempre me consideré muy bueno a la hora de resolver problemas de lógica. Con el bagaje que traía de un colegio secundario técnico, donde había podido acercarme a distintos lenguajes de programación, pensé que esa sería una buena opción. Y también se dio que, en plena pandemia, encontré un curso de programación que me interesó y vi una buena oportunidad para profundizar en el tema y comenzar laboralmente en el área.

Sin ninguna experiencia en el rubro de la tecnología, mis primeros pasos fueron en Pigma… y resultó un camino excelente. Empecé en el proyecto de BYMA en un proceso de training y shadowing y, aunque al principio me costó mucho porque tuve que aprender un lenguaje que para mí era desconocido hasta ese momento, estaba muy motivado y pude adaptarme rápidamente.

Trabajar en programación resultó totalmente diferente a mi labor en gastronomía, donde el proceso  siempre es mecánico y yo tenía que repetir los mismos pasos todos los días para preparar los elementos y tener todo listo y ordenado para la hora de empezar el servicio. Además, encontré en Pigma una empresa horizontal, donde todos estamos a un mismo nivel y colaboramos en las decisiones de la compañía. En el rubro gastronómico, normalmente la estructura es vertical y hay jefes que se encargan de dar órdenes, algunas veces sin conocimiento del área.

Por otro lado, sí encontré una similitud en cuanto a preparar pedidos o requerimientos bajo demanda. Una de mis funciones en el restaurante (que también tengo como programador) era la de administrar el tiempo y pensar en lo que lleva cada proceso de preparación, delegar tareas, coordinar con mis compañeros y también asegurarme de que tanto mi sushi como el de mis ayudantes saliera de la mejor forma posible. Es ahí donde creo que ambos rubros tienen puntos en común. 

Pero también pienso que muchas de las herramientas que utilicé las tuve siempre conmigo o las fui forjando a lo largo de mi vida y que en la gastronomía las consolidé y las fui perfeccionando. Dos de esas habilidades que destaco mucho son la coordinación y el trabajo en equipo, que debí y debo emplear constantemente con mis compañeros de trabajo, cuando capacité a ayudantes y también para coordinar pedidos que salían a la par con productos de la cocina. Esas habilidades y experiencias fueron fundamentales al momento de trabajar en programación ya que el trabajo en equipo en este rubro es fundamental, así como poder coordinar y organizar tareas.

Hoy, ya hace más de un año que no hago sushi. Después de trabajar tanto tiempo en gastronomía y de no estar del todo a gusto con ese rubro tomé un parate que necesitaba. Quizás vuelva a hacer algo en alguna cena familiar, con amigos o algún evento de ese estilo. Pero siento que ya no volvería a trabajar en eso.

En cambio, en Pigma me siento súper bien. La empresa me dio la oportunidad de entrar en este rubro, me acompañó y me ayudó a confirmar que es un trabajo que me apasiona. Ahora, mis expectativas tienen que ver con seguir sumando experiencia, ampliar los conocimientos que tengo y llegar a liderar un equipo en el futuro.

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